Hay lugares que te enseñan algo sin decir una palabra.
Durante mi viaje a La Palma tuve la oportunidad de caminar sobre el paisaje creado por el volcán Tajogaite, cuya erupción, en 2021, transformó profundamente este territorio.
Impresiona ver la lava negra extendiéndose donde antes había casas, caminos y bosques. Impresiona entrar en una cueva volcánica y caminar por el lugar por donde, hace no tanto tiempo, corrían ríos de lava.
Pero quizá lo que más me impresionó fue descubrir que aquello que parece solamente destrucción también puede ser el comienzo de algo.
Después de una erupción, la vida no vuelve de golpe, aunque así lo deseáramos.
Las nuevas coladas tienen que ser colonizadas poco a poco. Llegan organismos pioneros, comienza a acumularse materia orgánica, se retiene humedad, se transforma lentamente el sustrato… y, con el tiempo, otras especies pueden encontrar allí las condiciones necesarias para crecer.
La vida prepara la tierra antes de construir sobre ella.
Y mientras caminaba por aquel paisaje pensé que quizá nosotros también necesitamos hacerlo algunas veces.
Hay momentos en los que algo dentro de nosotros dice: hasta aquí.
No necesariamente porque todo haya sido un error.
No necesariamente porque haya dejado de existir amor.
Ni siquiera porque sepamos todavía qué vendrá después.
A veces simplemente porque la forma en la que algo estaba siendo construido ya no podía seguir sosteniendo la vida que necesitábamos dentro.
Y entonces aparece una tentación muy humana: reconstruir deprisa.
Volver a colocar las piezas.
Tapar las grietas.
Intentar que todo vuelva a parecerse cuanto antes a lo que era.
Pero la naturaleza me recordó algo diferente.
Una tierra arrasada no se convierte en bosque porque queramos que lo sea.
Primero necesita tiempo.
Necesita procesos.
Necesita materia orgánica.
Necesita humedad.
Necesita que alguien observe qué falta y qué puede volver a crecer.
Necesita, en definitiva, que se prepare el terreno.
Quizá regenerar no sea volver a lo que había.
Quizá sea permitir que algo nuevo pueda nacer de lo ocurrido.
Algo que no sea una repetición de lo anterior.
Algo con raíces más profundas.
Algo capaz de sostener vida.
Y quizá esa sea también una de las preguntas más difíciles que podemos hacernos cuando algo se rompe:
No solamente si podemos volver a construir.
Sino…
¿sobre qué tierra queremos hacerlo?
🌋🌱
La naturaleza tiene sus propios tiempos. Y quizá nosotros también deberíamos respetarlos.
Somos naturaleza,
Mavi.
La erupción del Tajogaite cubrió unas 1.219 hectáreas y creó nuevos terrenos. Hoy, científicos y técnicos continúan estudiando cómo la biodiversidad vuelve a colonizar las coladas y cómo evolucionan estos nuevos ecosistemas.